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miércoles, 16 de junio de 2010
Paternidades
No hay desvelo como tal, eso sería soportable; la tibieza empalagosa de un cuerpo que es el mismo desde siempre, en una misma cama desde el uso de la memoria, forros que remiten a un espacio donde la niñez puede ser la mejor compañía de otra niñez, un azul con monstruos de un videojuego clásico, donde los bloques en el aire son el símbolo mas viable de firmeza, irónicamente sostenidos por una estructura de metal a punto de dislocarse en el intento de escapar del peso del padre de una ansiedad rechinante.
Como buen paternalista que soy, procuro hacer que mi creación pase cómoda su estancia en este cuarto, rodeado de círculos cerrados cíclicos que le remiten al rodar estresante del nunca terminar, a mí me parece que, aunque no me lo comunique, este ambiente motiva su estancia, creo que si no le favoreciera ya se habría largado desde hace unos meses. Le procuro ciertas variaciones en mis actitudes ante su presencia. Permanezco 5 minutos acostado de un lado de la cama, otros 10 en el lado donde poco acostumbro acurrucarme, regreso a la forma habitual, me levanto, pierdo el piso en un instante, me siento capaz de brindarle un momento de descanso a su ardua labor de mantenerme unido a su madre insomne, la madre nocturna que no me lleva al sueño, al siguiente minuto definitivamente me levanto y me siento incapaz de hacerlo. Olvidaba algo importante, es inmune a mis arrullos musicales, a pesar de proporcionarle una de mis mejores listas de reproducción de mi audioteca bautizada como “ De las sienes de la luna escurre la leche de una negra madre”, con todas las piezas dignas, a mi consideración, necesarias para encaminar a un desvelo hacia su limbo, para hacer andar por el sendero de lo armónicamente auditivo, según yo, a cualquier lisiado de la escucha. Resulto ser yo el lisiado por el infortunio de la ironía, ni mi misma creación musical contrarresta su hiperactividad, creo que le provoca incluso estar celosa, esta hija mía, ansiedad inquieta por un padre que lucha contra ella y ama en perpetua ambivalencia.
Vuelvo a dormir en posición fetal gracias a ella, me represento e imagino en el útero buscando cabida en la omnipotencialidad del universo, en esos lapsos en donde es posible la conexión entre lo divinamente eterno y lo perecedero. El tiempo no pasa cuando la ansiedad recorre de embeleso la carne que pugna por una temperatura similar a la de un cuerpo muerto, ¿Qué quisiera ahora? Eso, simplemente estar titiritando muriéndome de frío, tener un buen pretexto para estar en esa posición fetal, olvidarme de que tengo un cuerpo necesariamente atado a lo que sueño o dejo de soñar. Febril mi aliento, sabe trilladísimo, la lengua también se cansa, y por lo mío vivido, en las noches descansa, se disuelve en el producto de su ejercicio. Antes llegué a percatarme de vociferar frases entre sueños, ni si quiera creo que hayan sido en mi lengua, ahora ni siquiera concilio el sueño, y mi lengua esta pegada a mi paladar. Ni siquiera soy capaz de hablar de mi ansiedad, ni hablar a ella, soy un padre poco comunicativo que desdeña la posibilidad abierta de destapar un ideal ficticio de paternidad, en donde ni siquiera encuentro sentido.
Una hora después de las 3:10 AM me reflejo en la pantalla que agudiza los colores cada vez que puede y me recuerda estar escribiendo, me recuerda tener un cuerpo en el que se descarga la pulsión de muerte, aunque para mi propio caso y lógica lo llamaría pulsión onírica, y que me perdone Freud, pero creo que entendería que en mi estado y en mi contexto, es válido hacer este tipo de conceptualizaciones que al fin y al cabo dan cuenta de una desesperada forma de arrebatarle al hijo, el deseo de muerte que tiene hacia el padre, por muy metafórico que este hijo o hija sea, a fin de cuentas son funciones.
Vuelve a darse un nuevo alumbramiento, esta vez producto de una copula con mi profundidad escindida, de donde brotan aquellos parecidos a camellos sedientos de ciertos cambios en su anatomía, deseosos de desprenderse de sus gibas que los mantienen unidos a lo vivo; a pesar de esta tibieza exasperante puedo sentir una ligera diferencia en las características de este nuevo engendro. La punzante quietud de temperatura, falta de intensidad como para si quiera sentir un leve cambio, es la misma constante que completa la repugnante palpitación de un cuerpo, concebido como mío, aunque esta vez emanada desde otro objeto físico supuestamente diseñado para el descanso, obviamente de este cuerpo, una silla, que mas, imposible crear un objeto para hacer descansar algo no objetable como el alma. Esta nueva ansiedad se lleva toda aparente posibilidad de seguir escribiendo, de siquiera tener el valor de permanecer sentado por temor a serme descubierto infraganti en el pleno sometimiento de mi producto que pudo haber tenido un nombre, pero que simplemente no quise que lo tuviera, soy yo el que desnaturalizó mi proceso paternal, el que no quiso bautizar banal una utopía, el que desea ahora regresar a ser un niño y olvidarse de su capacidad para engendrar cualquier forma de vida. A mi espalda una playera con un estampado angelicalmente fetal me recuerda mi reflujo estomacal, mi temperatura corporal latentemente tibia, hasta la eternidad, un cuerpo que se vacía de vivir las madrugadas facultado solo para procrear estas diferentes ansiedades colocadas por debajo de la dermis, entre las terminales nerviosas y la superficie, en donde quedan atrapadas hasta que un corte matizado con fineza finalice desollando, liberándome de la responsabilidad de crear y criar a unas hijas de mi insomnio, que no me provoca más otra cosa que estar pensando desde el minuto seguido de enlazarnos, por ende, en la palabra divorcio, y desde luego, en el aborto.
martes, 15 de junio de 2010
Sublimatoriedad nuclear (ambiente pop)
ando los caminos tardíos que no llevan a nada
Soy en la historia lo que no existe más que en la memoria
del humano mismo, y de la figura que se transforma hasta llegar al monstruo
Estoy cruzando de puente en puente
desde un islote tan reducido como la mente
tan estrecho que se que no puedo dejarme catatónico de pánico esperando hasta que la laguna muerta reviva de noche para reducir de tamaño al pedazo de mierda en el que me encuentro, siempre lo menos temporalmente posible.
Siento, en donde la meta de un encuentro es el sencillo goce de seguir siendo enigma y ser causado por otro enigma que no desprecia la idea de un mundo muerto, en proceso de renacer desde uno mismo, con el universo entero como capa estelar del héroe y la luz del sol como afilado instrumento de trunco a las sombras amorfas en retroceso, estorbosas.
Entero, firme, consistentemente en todo, me provoco ir a donde nunca he ido, tajando el aire que en exceso se cuela al caminar por entre mis poros y todos mis orificios corporales para llegar por una corriente que podría convertirse en ventisca, luego en tornado, cataclismo y caos en el interior del enigma siempre al borde de descubrirse, volverse a cubrir seria por el solo goce de llegar a ser invisible y sordo, para no percibir, agorafóbico como de costumbre, la devastación de los significados ocultos simbólicamente en las palabras, eclipsada poco después por la de nuestros propios oídos y lenguas entre nuestra misma especie.
Ego=río
Ego=río.